ILUSIÓN ÓPTICA (próximamente)

Para corazones fuertes
Nueva novela en ejecución

 

Orense, 1899, en algún lugar de las afueras…

Anselmo Zapata no podía creer lo que sus ojos veían, un hombre corpulento con un enorme mazo en las manos no paraba de asestar golpes a un individuo que permanecía totalmente quieto, estático. Era una noche cerrada y con una ligera niebla. Se acercó temeroso hasta situarse a pocos metros del hombre estático, el individuo del mazo se escabulló entre las sombras y el supuesto agredido levantó la mano para saludar al recién llegado.

Anselmo sonrió comprendiendo, había sido víctima de una ilusión óptica; el otro hombre estaría clavando algo varios metros más allá, pero el árbol que había justo tras el banco del que saludaba le había confundido, además el hombre sentado que le sonreía estaba perfectamente, habría salido a pasear y se había detenido a descansar un poco.

Anselmo dio un paso hacia él para entablar conversación, pero entonces…

Sus ojos salieron disparados de las órbitas, un siniestro ruido pareció fundirse dentro de él, su propio cráneo esparcía astillas óseas por todas partes, sentía su cabeza mucho más pequeña, encogida, sus confusos últimos pensamientos dibujaron en su aplastada mente la palabra “trampa”…

Los dos hombres cargaron el cadáver en el carro y enfilaron hacia el bosque. Siguiendo el acostumbrado ritual buscaron un lugar apartado para que Tomasiño rompiera la pieza capturada. Una vez tumbado el cuerpo sobre una superficie dura, el chico empuñó el imponente mazo y comenzó a asestar golpes por todo el cuerpo hasta que quedaron todos loso huesos bien triturados, de este modo resultaba facilísimo el siguiente paso. Cambió su mazo por la sierra y tan entusiasmado como un niño al que han regalado su juguete favorito comenzó a cortar.

La viuda de Anselmo Zapata se mantendría varios años sin enlutar con la esperanza de que su esposo volviera. Pensaba que se había marchado a Cuba en busca de fortuna y que regresaría rico algún día.

 

 

Sigue……

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Último libro publicado

Así me lo contaron2

 

Diciembre de 1939, en algún lugar de la península ibérica…

 

El arresto se había producido hacía tan solo una semana, pero para Andrés parecían haber pasado meses, incluso años. Aquel cuartucho inmundo, desvencijado y cochambroso, comenzaba a marcar sus piernas y espalda con el duro y sucio yeso de sus paredes y suelo. Le habían dicho que aquello fue un hospital que quedó abandonado hacía más de una década, y que podía considerarse afortunado por no tener que compartir celda. Sabía que en algunos casos se hacinaban diez reclusos en un espacio como el suyo. Y el verdadero motivo por el cual él estaba solo, no era otro que evitar el contagio a los demás de su ignominiosa enfermedad.

Ya no debería quedar mucho para la sesión de la tarde, no tardarían en abrir la puerta y conducirlo a la odiosa y maloliente sala de interrogatorios.

Miró por todos los rincones, no había nada con qué quitarse la vida, quedó mirando el plato de hojalata que hacía dos días que no le llenaban. Tal vez si pudiera romperlo y sacarle algún filo podría seccionar las venas de sus muñecas, pero el desangrado tardaría más tiempo de lo que le dejaban solo, estaba sometido a una vigilancia tal, que cada dos horas a lo sumo acudía un guardia a echarle un vistazo. No para llevarle agua, eso no, solamente echarle un vistazo y comprobar que seguía con vida, solo eso.

Por el ventanuco enrejado situado a tres metros de altura penetraba el sonido de múltiples e ininteligibles conversaciones, solo podía entender algún que otro saludo, nada más. Lo que sí escuchaba claramente eran los gritos de las mujeres que a esas horas, como cada día, eran violadas dos celdas más allá. ¡Aquellos recios machotes, de cerebros empalmados!

Andrés volvió a fijarse en el plato y su imaginación se puso a trabajar. Si lo doblaba y afilaba en la pared, quizá pudiera apuñalarse con el arma resultante. No, no tendría filo suficiente y sería como tratar de clavarse un tarugo de madera, imposible. Miró el yeso de las paredes desconchadas y escritas como si de un pergamino se tratara. Tal vez pudiera reunir un montón de yeso, suficiente para tragarlo y ahogarse. Esta opción parecía más plausible que la utilización del plato.

No había hecho más que comenzar a rascar la pared cuando se abrió la puerta.

El sargento Silva estaba trajinando detrás de él, en el baúl donde guardaba sus aperos de tortura.

Andrés acababa de ser atado desnudo a la vieja silla, que como todos los días, le esperaba impaciente para ver cuánto tardaba en desmayarse. Siguiendo el protocolo habitual, Silva preguntó a su espalda:

–Soldado Carmena, ¿va a decir el nombre de la persona que estaba con usted?

Andrés no abrió la boca, cerró los ojos esperando que le encapucharan y se dispuso resignado a recibir el castigo de la tarde. Pasados unos segundos le extrañó que el sargento no cogiera la capucha de verdugo que estaba colgada a su derecha y podía verla de reojo, aún con la cabeza agachada como la tenía ahora. Fueron los pies de Silva los que vio que pasaban y se detenían frente a él. Poco a poco fue levantando la cabeza, lo que enarbolaba Silva en su mano derecha le aterrorizó.

Era un pedazo de nogal de unos ochenta centímetros de largo por unos diez de grueso. Uno de los extremos había sido adelgazado para facilitar su manejo, el otro tenía cuatro clavos atravesando la madera y sobresaliendo unos cinco centímetros, las brillantes y afiladas puntas parecían poder penetrar cualquier material.

Silva disfrutaba haciendo sufrir a los prisioneros que le encomendaban, bien para enderezarles, o como en este caso, para sacarles información. Y uno de sus sistemas favoritos era el que estaba ahora empleando: Presentar al reo la herramienta que le iba a hacer papilla, pero no empezar de inmediato, dejar pasar el tiempo sin mover un músculo, con el instrumento de tortura muy cerca de los ojos de su víctima.

Durante los minutos que permanecía así, Silva recordaba algún episodio de su infancia, todos terminaban igual, tumbado en su cama boca abajo y recibiendo una tremenda somanta de palos, como si fuese un animal. Al recordarlo iba acumulando una rabia tal que arremetía contra el reo como si se hubiera vuelto loco de repente. A menudo tenían que entrar y sujetarle los centinelas de la puerta para que no matara al prisionero.

Ahora seguía esperando, pero no recordaba ninguna de las palizas propinadas por su progenitor, estaba calculando cuánto tiempo quedaba para que le dieran el permiso que tenía solicitado. Era el mismo que le quedaba de vida a su padre. Pensando en cómo le iba a matar bajó la estaca con todas su fuerzas clavándola en el muslo izquierdo de Andrés.

El alarido recorrió todo el cuartel. Una de las chicas republicanas que estaba siendo violada pudo respirar un poco al detener las embestidas su agresor. Todos quedaron un momento quietos, pero enseguida reanudaron sus quehaceres. Carmena continuaba sin hablar, –pensaron.

Al extraer el madero se desgarró piel y músculo de su pierna, Andrés sintió más dolor cuando salieron los clavos que cuando habían entrado. Había oído que morir de gangrena era horrible, miró los clavos y le parecieron lo suficientemente brillantes, la sangre resbalaba por su limpia superficie. Se obligaba a seguir pensamientos de ese tipo con el fin de no concentrarse en el dolor. Pero Silva no pensaba darle tregua, la segunda clavada se produjo sin esperas y fue detrás de su hombro derecho, sintió un dolor tan agudo que estuvo a punto de desmayarse, una de las puntas había pinchado el omoplato.

Silva no había hecho más que empezar, ahora se iría calentando. Extrajo la madera con el consiguiente grito y esperó manteniéndola en alto, dispuesta para clavarla en cualquier parte del cuerpo. Dejó pensar a Andrés dónde sería esta vez, no sin antes recordarle que solo tenía que decir “Hablaré” y el suplicio terminaría de inmediato.

Como el reo no abrió la boca, y tras dos minutos largos de tortura psicológica, la preferida de Silva, la que él llamaba “los preliminares”, descargó la estaca de nogal en la tibia izquierda. Esta vez sí debió de haber fractura, o al menos una fisura. Dos de los clavos penetraron en el hueso. La silla se tambaleó por la fuerza sobrehumana que hizo el reo para poder soportar el dolor, sobre todo cuando casi de inmediato los clavos fueron retirados, Silva torció a propósito el madero al extraerlo, las esquirlas de hueso pasaron a pinchar el nervio safeno produciendo un grado de dolor difícil de soportar, Andrés perdió el conocimiento.

Silva aprovechó para ir a las letrinas a hacer sus necesidades, tanta rabia le había revuelto el estómago. Sonrió al percibir en su mente que se avecinaba la habitual imagen que desde hacía años veía al descargar su vientre: La boca abierta de su padre tragando sus deposiciones.

El coronel Castro le vio pasar desde su ventana, por la expresión de su cara supo que todo seguía igual, el prisionero no había hablado. Conocía la saña que Silva empleaba con los reos, pero en este caso no parecía obtener resultados. Y estaba seguro de que al saber lo que se le imputaba, estaría empleándose a fondo para que dijera el nombre del que estaba con él aquella noche, en la que fueron vistos por el cabo y varios soldados. Lástima que solo pudieron reconocer a Carmena, el otro salió huyendo muy oportunamente. Solo tenían una pista, llevaba la chaqueta a medio poner, y era de un oficial.

 

Continuará………..

 

Mi nueva novela

portada Angie negra pequeCapítulo 7

Santos estaba acodado en la barra dando sorbos a su café cuando entró SV aquella mañana. Al llegar a su lado hizo seña al camarero para que le pusiera un “lo de siempre”, tenía la esperanza de que su compañero hubiera olvidado la cita y no le hiciera preguntas, pero fue lo primero que hizo.

 

.-Bueno, qué. ¿Qué tal con la bella madura? Oye ¿Sabes que mi mujer me la ha descrito?

.-¿Y como es eso?

.-Pues cuando la dije quien era recordó que en una ocasión, cuando estaba embarazada de nuestro segundo hijo la atendió la directora personalmente, y por los datos que me diste comparados con la descripción de Marga seguro que es ella y por lo visto es una mujer de bandera, vamos de…

.-Esta casada.

.-¿Mmmm?

.-Ya te contaré, aunque no hay nada que contar que alimente tu morbo. Fue una cena profesional, hablamos del caso. Y a propósito, vamos para arriba que tenemos tarea, vamos a tirar de un nuevo hilo de investigación, necesito que averigües todo lo que haya acerca de un accidente que sucedió hace ocho años.

 

Terminaron sus desayunos y subieron para instalarse ambos en la mesa de SV.

 

.-Fue el mismo día del accidente del metro, en julio de 2006, falleció este eminente ginecólogo en un accidente de coche, aquí tienes todos los datos que he podido obtener de mi fuente.

.-Dirás Fuentes.

.-¿Cómo? Ha, ya. Sí ha sido ella. El fallecido era el padre de una de las empleadas a su cargo. Puede que todo sean coincidencias y no nos lleve a nada pero ya sabes…

.-Toda investigación lleva a alguna parte, me pongo con ello. ¿Qué queremos saber exactamente?

.-Si fue un accidente sin que quedara la menor duda de ello, nada sin encajar, ya sabes.

.-Entendido, me pongo ahora mismo a remover el fango de nuestros archivos y de todos los que intervinieran.

.-Yo iré a ver a Fuster, nos vemos luego.

 

Santos se fue a su cubículo con las anotaciones del accidente. “Vehículo de la marca Mercedes Benz fecha del suceso coincidente con lo del metro” consultó en la red y anotó el dato: 3 de julio de 2006. “Gabriel Márquez, eminente cirujano”. Quedó pensativo hasta que finalmente marcó el número de un amigo reportero del diario “Las Provincias” se saludaron y quedaron en tomar algo alguna tarde, como siempre lo hacían y nunca sucedía, el otro tomó los datos para consultar en la hemeroteca y quedó en llamarle por la tarde. La siguiente llamada fue a los compañeros de la policía local.

 

.-Pues mira sí, lo recuerdo perfectamente, no estuve en el lugar de los hechos pero me ocupé del expediente aquí en la oficina. ¿Cómo has dicho que te llamas?

.-Subinspector Santos Ferrer de la comisaría de centro.

.-Vale, ¿Me das tu código y te lo envío?

.-Claro, toma nota ES45B.

.-¿Porqué pedís esto ahora, ha pasado algo?

.-Creemos que puede tener algo que ver con una investigación, y si no es así al menos lo podremos descartar. ¿Recuerdas si te llamó algo la atención?

.-¿Algo que me hiciera pensar que no había sido un accidente?

Santos frunció el ceño.

.-Eso es exactamente a lo que me refería.

.-Verás, echa un vistazo a la parte del expediente que contiene las fotos y fíjate en los bajos de la parte trasera, el latiguillo que acciona el freno de mano está seccionado de una forma muy limpia en mi opinión. En su día lo comenté aquí y nadie me hizo caso. El resto del vehículo estaba tan destrozado que apenas pudieron investigar fallos mecánicos de ningún tipo, el caso quedó cerrado como “impacto por exceso de velocidad al acudir a las urgencias” Al parecer era un cirujano muy bueno, y precisamente iba al hospital por la que se montó con lo del metro. Y fue por esto mismo, creo yo, que no se investigó más este accidente puesto que no tuvo relevancia en los medios.

.-Pues no sabes como te agradezco la información compañero, ¿te puedo llamar si tengo algo que..?

.-Por supuesto, apunta mi móvil y así me llamas a la hora que quieras, soy Carlos Sunier.

.-Pues la verdad que no se como agradecerte…

.-Muy fácil, informándome si lo descartas o no. El no significará que mi observación debió haberse escuchado y le callaré la boca aquí a más de un niñato.

.-Palabra que lo haré, no te quepa duda.

.-Pues dicho queda Santos, un placer conocerte.

 

Movió la cabeza pensando en la suerte de dar con aquel poli local tan dispuesto y simpático, por la voz calculó que debía estar cerca de la jubilación, aunque por experiencia sabía que eso de imaginarse a alguien por el teléfono fallaba bastante. Mientras pensaba esto entró en la zona de intercambio de datos y metió su clave, allí estaba el dossier “Cirujano-Mercedes- accidente mortal 03/07/2006” al abrirlo fue directamente a las fotos siguiendo el consejo de Carlos. Estuvo repasando detenidamente todo el contenido gráfico y finalmente amplió una imagen en concreto…

“Vaya, qué interesante..” Seguidamente buscó en google la marca y modelo del vehículo y una vez conseguido pidió un esquema del sistema de frenos y sus componentes, “Vaya, qué interesante..” –se dijo de nuevo.

 

Apenas habían pasado 30 minutos cuando volvió a marcar en el teléfono.

 

.-Vaya, esto es rapidez, tu dirás compañero.

.-Perdona Carlos, ¿El coche siniestrado se conserva en alguna parte?

.-Ahora si que me has pillado, esa no la sé, pero si me das un ratito te lo averiguo con mucho gusto.

.-Bueno, hombre cuando puedas.

.-¿Qué crees que estoy ocupado? Ojalá, estos mamones te retiran cuando cumples cierta edad como si no valieras para nada y te dejan aquí para recados, chorradas, papeleo, en fin que tu llamada me ha alegrado el día. Y…

.-¿Sí?

.-Si no es mucho pedir… ¿Tiene esto algo que ver con los homicidios de embarazadas?

.-Poli viejo, buen sabueso ¿Eh Carlos? En efecto ese es el caso.

.-Te llamo en cuanto sepa si el coche existe y de ser así donde está.

.-Toma nota de mi móvil y de nuevo gracias.

Fuster estaba en su despacho escribiendo en su ordenador cuando llamó SV y asomó la cabeza.

 

.-Creo que es la primera vez que nos encontramos aquí sin pasar antes por tu taller.

.-Hoola SV, pues acabo de subir de “mi taller”

.-¿Mucho trabajo?

.-Más del que quisiera y del que me pagan. Estoy por dedicarme a las lesiones de tráfico de forma privada, ahí si que se gana dinero.

.-No te quejes que los funcionarios, aunque poco, pero cobramos seguro.

.-En eso pude que tengas razón.

 

Fuster paró de escribir, no lo había hecho mientras hablaban.

 

.-¿Lo tienes?

.-Lo tengo. ¿Quieres una copia impresa? O te lo paso por mail?

.-Quiero ambas cosas, pero sobre todo quiero tus comentarios. ¿Qué me dices?

.-Dime que te inquieta.

.-Todo Fuster, no le encuentro móvil a esto. No es una venganza personal sino genérica y esto nos lleva a un psicópata muy trastornado, pero ¿Comete errores?

.-Muy pocos SV, sabe lo que se hace, no deja ni una sola huella biológica.

.-Su objetivo es el feto ¿verdad?

.-Yo diría que sí, es más, estoy seguro de ello.

.-¿Qué nivel de conocimientos médicos consideras necesario para hacer lo que hace?

.-Bueno, no realiza una intervención extremadamente complicada, no obstante podría ser médico o como mínimo enfermero, ahora bien, lo que hace lo puede hacer cualquiera con unas pocas indicaciones, pero sobre todo quien sea tiene acceso a un medicamento usado en anestesia que no lo venden en farmacias y desde luego sabe como usarlo.

.-Si, eso ya lo vimos. Por ello centro la investigación en el hospital. ¿Crees entonces que no tiene que ser médico necesariamente, podría ser por ejemplo una recepcionista o alguien de administración?

 

Fuster quedó pensativo unos instantes, finalmente asintió.

 

.-Puede perfectamente siempre y cuando tenga acceso a los fármacos del hospital, que como ya sabrás están bien inventariados y en zonas bajo llave.

.-Bueno, esas medidas de seguridad sabes que tienen sus fallos, y además trabajando dentro siempre es posible hacerse con una llave y falsificar el inventario.

.-Estoy de acuerdo contigo.

.-Y supongo que en este caso a usado el mismo fármaco que en el anterior.

.-En efecto, succinilcolina, y empleó más dosis en el feto esta vez, por ello a la madre no la paralizó por completo. Yo diría que pensaba emplear una segunda dosis en la madre y no pudo. No hubiera muerto de nos ser por la herida de arma blanca en el cuello, esa es mi opinión al menos.

.-¿Algo más?

.-Sí, la aguja.

.-¿Qué pasa con la aguja?

 

Fuster abrió el cajón de su mesa y extrajo una bolsita que lanzó hacia el lado de SV. Éste la examinó comprobando que se trataba de una aguja quirúrgica de unos doce centímetros de largo, le faltaba la cabeza. Miró al forense con las cejas alzadas.

 

.-Estaba clavada en el feto, se le debió partir en el forcejeo. Y ya he hecho lo que estas pensando, aunque no ha sido nada fácil, resulta que la marca del fabricante la lleva en la cabeza y es precisamente lo que falta. Por suerte nuestra común amiga del laboratorio es un crack, y comparando tres ejemplares de fabricantes diferentes ha dado con el que nos interesa, le he llamado y en efecto les sirve ese material al hospital que nos interesa, y además en bastante cantidad.

 

.-Bien, muchas gracias, eres mi forense favorito, no se que haría sin ti.

.-Pues perderte en ese truculento mundo de ahí fuera, tan lleno de tarados. Por cierto ¿No me das el nombre de tu sospechoso?

.-Sospechosa, y creo que lo vas a saber muy pronto. Gracias de nuevo, nos vemos.

 

 

Salió del Anatómico Forense y subió a su coche para volver a la comisaría, estaba sopesando los nuevos datos cuando sonó su teléfono. Era Santos.

 

.-¿Has terminado con Fuster?

.-Lo acabo de dejar hace un momento, iba a la comisaría.

.-Pues puede que te interese aplazar tu regreso y reunirte conmigo, introduce esta dirección en el GPS –le dio una calle y un número- es un almacén de pruebas del ayuntamiento.

.-¿No me dirás que has encontrado el coche, pero cómo?

.-Luego te lo explico, ahora vamos para allá.

 

Acababa de comenzar la marcha cuando el teléfono sonó de nuevo y tuvo que pulsar el manos libres, la voz era mucho más agradable que la de su querido compañero.

 

.-¿Inspector Vendrell?

.-Hola Celia ¿A qué viene tanto formalismo, acaso nos oye tu esposo?

.-Pues mira, sí que lo tengo aquí al lado.

.-No jodas.

 

Terminaron riendo como siempre, entre ellos no habría jamás un romance, pero desde luego sí una buena amistad.

.-Verás, te llamo porque me falta una muestra, es de una que está de vacaciones y no la puedo localizar.

.-¿Se trata de la persona que hablamos?

.-No, esa la tengo, y no ha puesto ningún reparo, se ofreció como las demás, sin preguntar apenas.

.-Creo que será suficiente, bien, ahora voy camino de algo importante pero cuando termine paso a recogerlo.

.-Tengo servicio de mensajero, si me dices dónde lo dejan lo tienes en un rato.

.-Pues mira, en la comisaría de centro, que lo dejen en laboratorio de mi parte, ahora mismo llamo para que lo estén esperando ¿De acuerdo?

.-Hecho.

.-Muchas gracias Celia.

.-Cuídate.

 

Apenas colgó, marcó el número abreviado de comisaría y la extensión de laboratorio. Reconoció la voz de una de sus compañeras de científica.

.-Marta, soy SV envían por mensajería las muestras de ADN para cruzar con la prueba que os di en aquella bolsita procedente del lugar de la primera víctima, llegará en unos minutos. Oye, necesito que por favor le deis prioridad, lo antes posible por favor, es vital para retirar de la circulación a la homicida y…

.-Vale, vale, no es necesario tanto ruego ni explicación, por cierto que la hemos cruzado también con las muestras del marido y la asistenta, y…

.-Nada.

.-En efecto, nada. Por eso no habías preguntado ¿verdad? Ya los tenías descartados.

.-Hay que asegurarse. Ahora es muy probable que tengamos el ADN del asesino.

.-Pues cuando quieras me traes la muestra, le daremos prioridad de nivel máximo.

.-Debe estar al llegar compañera, llámame en cuanto tengas el resultado… espera hazme el favor de comenzar por la muestra de una tal Ángela Márquez.

.-Ok.

 

 

El almacén resultó ser una enorme nave en muy mal estado a las afueras, muy al oeste de la ciudad, cerca de Manises y casi llegando a Quart de Poblet. A SV le sorprendió que aquello tuviera un vigilante con su garita y todo, el aspecto que ofrecía el recinto no podía atraer a los ladrones. El coche de Santos estaba estacionado en la puerta de la alambrada junto a dos más, supuso que uno era del vigilante, el otro no tenía ni idea, allí solo estaba el aquel dentro de su garita, dejó el coche junto a los otros y se apeó.

 

El hombre salió y le franqueó el paso, ni siquiera le preguntó.

.-Pase, le están esperando inspector, es por esa puerta, al fondo a la derecha.

.-Gracias.

 

Era evidente que había pocas visitas al recinto, aquel tipo debería pasarse las ocho o diez horas de trabajo jugando a algo, viendo guarradas en Internet, cateando, leyendo… Iba pensando en esto cuando oyó voces a su derecha y entró por una puerta arrancada de cuajo siguiendo el ruido.

 

Al fondo, en un lateral, Santos y un hombre de uniforme que no conocía estaban empujando un trozo metálico que debía pesar haciendo a tenor de lo rojas que tenían sus caras por el esfuerzo. Intentaban separarlo de lo que quedaba de un vehículo de color indefinido y que se adivinaba que era un coche por la pista que daban los restos de los pilotos traseros. Sin decir nada se puso entre ellos y les ayudó a retirar la chatarra, enseguida consiguieron el objetivo al contar con la fuerza de un hombre más.

 

Santos recobró el aliento y señaló a su superior.

 

.- Inspector Vendrell, este agente es   Carlos Sunier, nos ha prestado una ayuda encomiable, gracias a él estamos aquí. Al menos tan pronto.

.-Mucho gusto y muchas gracias.

Carlos se cambió de mano o una bolsa que había recogido del suelo y estrechó la mano que le ofrecía SV.

.-No tiene que agradecerme nada Inspector, estamos para colaborar. Bien, como le he dicho a Santos yo participé elaborando el expediente y organizando el papeleo, no asistí al lugar del accidente pero me trajeron las fotos que les he entregado. Y cuando las estudié con detenimiento no me pareció tan claro que fuera un accidente.

 

Los ojos de SV se agrandaron siguiendo la elevación de las cejas. Carlos continuó:

 

.-Mejor comprobamos si el vehículo sigue igual que cuando tomaron las fotos y entonces le podré explicar.

 

El agente municipal se dirigió sin más a la parte trasera del coche, que era lo único reconocible que quedaba, se arrodilló y depositó la bolsa en el suelo a su lado, extrajo una potente linterna y terminó pasando la cabeza bajo el maletero.

 

Santos aprovechó la espera para fisgonear el interior de la bolsa, contenía un juego de llaves perfectamente ordenado, un envoltorio de tela cubierto con un plástico, unos guantes de mecánico y una caja alargada que parecía contener una pieza de repuesto de la marca Mercedes.

 

SV por su parte estaba observando el coche moviéndose para verlo desde diferentes ángulos sin salir de su asombro al comprobar como había quedado, el golpe debió de ser brutal, y desde luego mortal de necesidad. Resultaba espantoso situarse dentro, a partir del asiento trasero era todo un amasijo de hierros, moqueta, tapicería y otros materiales indefinibles. El techo había sido arrancado como cuando abríamos las latas de anchoas con la llavecita que venía en la caja. Si aquel hombre no había muerto en el acto no quería ni pensar el sufrimiento que pudo haberle producido la agonía en aquel escalofriante envoltorio.

 

.-Ya lo tengo –dijo Carlos de pronto- lo he encontrado y lo estoy enfocando, cuando quieran.

 

Santos se metió como pudo quedando medio tumbado junto a Carlos y observó durante unos segundos, después se retiró y dejó el espacio libre por si su jefe quería mirar. A SV no le importó mancharse y se metió también bajo el maletero, siguiendo el haz de luz de la linterna observó el final del eje trasero derecho que aun conservaba la rueda, en el centro se destacaba el disco de freno, y justo de una pieza que parecía pinzar el disco salía un tubo que el centro del haz de luz.

 

.-¿Distingue el corte? –dijo Carlos, que de inmediato movió la linterna siguiendo el latiguillo-.

.-Lo veo, está seccionado justo a la salida de las pinzas de las pastillas, pero ¿porqué descarta que eso lo produjera el mismo golpe? Del coche no queda nada entero, además mire bien el eje, está totalmente deformado, ese latiguillo debió soportar tal presión, de estiramiento en este caso, que se partió.

.-Eso mismo me dijeron entonces mis compañeros y no siguieron mi razonamiento, el caso se cerró sin apenas investigar. Ahora por favor, venga a ver esto, ¿me acerca la bolsa Santos?

 

Carlos extrajo la caja alargada que anunciaba un repuesto original de “Mercedes E200 kompressor” de dentro sacó un tubo de unos 30 centímetros de largo por uno de grueso, era el mismo latiguillo que acababa de ver bajo el coche, pero nuevo y en su estado original.

 

Santos y SV se pasaron el latiguillo para palparlo y asintieron, ambos habían comprendido. En una rotura accidental esa pieza jamás se podría haber partido de forma tan limpia y recta como estaba el del coche, se debían de partir dos tubos diferentes y de diferente material, goma el del interior y metal de bastante resistencia el del recubrimiento exterior. Era absolutamente imposible. Aquel coche había sido manipulado para que quedara sin frenos.

 

Por si quedaba alguna duda, y para dejar claro que Carlos Sunier no era un agente cualquiera, éste sacó el envoltorio de tela de la bolsa y les mostró dos latiguillos más, uno estaba cortado con la misma precisión que el del coche siniestrado, el otro estaba también seccionado, pero daba la sensación de haber sido roto a martillazos e incluso hachazos, el recubrimiento exterior de metal estaba muy deformado y el tubo de goma interior parecía haberse estirado como un chicle antes de romperse. Mientras observaban todo esto nadie habló, no era necesario, aun así Carlos remató su faena volviendo a buscar en su bolsa, y portando esta vez una pequeña cizalla tomó de la mano de Santos el latiguillo intacto y lo seccionó por la mitad, quedó un corte limpio, idéntico al que tenía el que acababan de ver bajo el coche.

 

 

SV consideró que allí no quedaba nada más por hacer, con lo que había visto y las pruebas, en este caso de demostración, que amablemente les había cedido Carlos Sunier, era suficiente para llevarlo a la juez y exponerle sus sospechas.

 

Invitaron a comer a su nuevo amigo, pero este tuvo que rechazarlo por motivos familiares, no obstante quedó prometido para otra ocasión y se intercambiaron las tarjetas. Santos y SV aparcaron en la comisaría pero no subieron sino que fueron directamente a comer. Caminaron las dos manzanas hasta el lugar que solían frecuentar y se sentaron en la calle, la temperatura invitaba a ello. Era jueves y el menú incluía paella, en realidad allí la había siempre, pues el dueño era un experto y un enamorado de ese plato. En pleno ataque al humeante arroz, SV extrajo del bolsillo las fotos que había tomado.

 

.-Oye, déjalo para luego ¿quieres tío? Tenemos toda la tarde, ahora toca comer y hablar de fútbol o de mujeres ¿vale?

SV sonrió y guardó las fotos.

.-Eh, vaya fenómeno ese tal Carlos ¿qué hace que no está en la calle investigando? Es muy bueno.

.-Si que lo es, tanto como discreto, no se nada de él, en realidad lo he conocido hoy, y desde luego ha sido una suerte. El tío es concienzudo, metódico, sería un detective cojonudo.

.-Hombre los locales también investigan.

.-Si, pero no compares, accidentes de tráfico, pequeña delincuencia, alguna que otra reyerta… en fin nada gordo, considero que ese hombre está desaprovechado.

.-Y estoy seguro que al ver su potencial, los compañeros y jefes directos les han puesto freno para que no les… ya sabes.

.-Estoy contigo.

 

 

De nuevo en comisaría, y una vez superado el ligero sopor de la digestión, Santos se ocupó de componer un informe gráfico completo de los dos homicidios, y del asunto del coche del padre de la sospechosa. Quedó así perfectamente esquematizado con su correspondiente fotografía en cada punto de coincidencia, así como puntos de interrogantes con su correspondiente camino de investigación, personas a interrogar, etc.   SV mientras tanto redactó sus propias conclusiones y el texto que daría voz al informe gráfico de su compañero, estaba en ello cuando sonó el teléfono interior, era del laboratorio.

.-¡Bingo!

SV quedó callado, con la palabra de su compañera flotando en su oído.

.-¿Estás completamente segura, el porcentaje y todo eso es…?

.-Noventa y nueve coma nueve por ciento. Es absolutamente seguro afirmar que el único ADN encontrado en el pequeño objeto que nos entregaste pertenece a Ángela Márquez.

 

 

Colgó de inmediato y llamó a la juez Castells.

 

.-¿Sí?

.-¿Señoría?, muy Buenas tardes, perdone que la… en fin como acordamos que la llamara al móvil… ¿recuerda?

.-Por supuesto que me acuerdo, ha hecho bien, y no me molesta en absoluto, ¿hay algún problema, necesita algo?

.-Una orden de detención, tengo un objeto rescatado del coche de la primera víctima con el ADN de una de las empleadas del hospital.

.-¿Está todo en orden inspector? Quiero decir que consta el objeto como prueba debidamente…

.-Fotografiado, etiquetado y con todo el protocolo seguido a rajatabla, yo mismo rescaté el objeto. De debajo del asiento del conductor.

.-Está bien, le prepararé la orden de inmediato.

.-Necesitaré más… verá, me gusta… no se como explicarle ¿le gusta a usted el fútbol?

.-¿Cómo dice? -Elisa no pudo evitar sonreír, ¿pero quién era este tipo?-

.-¿Sabe… esos partidos donde se la juegan ambos equipos y con un solo gol pasan al siguiente.. ya sabe, pues la mayoría decide aguantar atrás preservando la portería, pero hay otros que deciden atacar con ahínco para afianzar con un par de goles más.

.-Bien, inspector ¿y qué moraleja debo extraer de su clase deportiva?

 

Ahora fue SV el que sonrió.

 

Si mi sospechosa contrata un buen abogado nos puede salir por ejemplo conque la asesina la robó el objeto y lo puso ahí para incriminarla, en fin que me gusta aportar no solo las pruebas irrefutables sino un conjunto suficiente para que no quede duda alguna.

 

.-Comprendido, y estoy de acuerdo. Dígame qué más ordenes necesita.

.-Una de registro de su domicilio para empezar.

.-Bien, ¿algo más?

.-Necesito que un vehículo actualmente en poder de la policía local en dependencias del Ayuntamiento quede totalmente precintado y a nuestra disposición, el lugar no me importa, puede quedar donde está, lo que trato es de…

.-He comprendido Seb… ehh, Vendrell,   páseme los datos por mail y enviaré un exhorto, qué más.

.-Ese vehículo, o mejor dicho lo que queda de él, fue un siniestro de hace ocho años y el caso se cerró por accidente sin evidencias criminales, pero creo que sí las hubo, y la persona que falleció era el padre de mi sospechosa. Necesito tener acceso a un expediente completo de adopción del año 1.995, la adoptada, que es la sospechosa, procedía de Bosnia y lo tramitaron todo los militares.

.-Un momento, perdone un momento, ¿sabe lo que me está pidiendo?

.-Perfectamente, le envío ahora mismo todo el informe actualizado y las peticiones por escrito, cuando lo lea lo comprenderá un poco mejor.

.-¿Está seguro de lo que hace inspector? ¿No nos estaremos metiendo en el fango? Los militares a los funcionarios civiles ya sabe, y si somos jueces ni le hablo. Me han dicho que es usted muy bueno y me inclino a confiar en usted sin ponerle trabas, pero le diré que este es mi primer juzgado como titular y no me gustaría, bueno, ya sabe…

.-Por nada del mundo quisiera perjudicarla, veamos: tenemos una prueba bastante contundente, pero seguro que podemos…

.-¿Meter un par de goles más?

SV quedó mirando el auricular asintiendo “esa es mi chica” se dijo, y enseguida “joder que es la juez, dejémonos de tanta confianza”.

 

Elisa por su parte quedó en silencio, tardo un minuto largo en procesar la situación, sopesar todas las peticiones, la prueba, y las adicionales que significaban afianzar por una parte el caso, pero por otra vérselas con el Ministerio de Defensa, por cierto ¿tenía algún conocido allí? Su tío Félix era coronel del ejército de tierra, ya retirado, pero alto mando al fin y al cabo.

 

.-¿Sigue ahí señoría?

.-Sigo aquí. Bueno inspector…- SV oyó claramente un resoplido al otro lado de la línea- intentaré conseguirle lo que me pide, antes voy a estudiar lo que me acaba de enviar, si tengo alguna duda le llamaré ahora, si no le llamo es que habré emprendido la labor y le irán llegando los documentos a través del secretario. Reciba un saludo.

.-Muchas gracias señoría, otro para usted, adiós.

 

 

 

SV colgó tratando de recomponer la cara de la nueva jueza, con tan solo una vez que la había visto no recordaba muy bien sus rasgos pero no había olvidado que le encontró cierto parecido a Michelle Pfeiffer, sí, en efecto, recordaba que era muy atractiva, y ahora empezaba a captar que era muy sensata, valiente y desde luego profesional. Sin darse cuenta asintió con la cabeza para darse la razón.

 

.-¿Sí qué?

 

Santos le miraba desde arriba con las manos en los bolsillos.

 

.-Pues que la jueza que nos ha tocado creo que es una tía cojonuda.

.-¡Vaya! Y además atractiva, claro. Oye: ¿Por qué no sientas la cabeza de una vez? ¿Crees que puedes ir por ahí tirando los tejos a toda la que te encuentras mientras trabajas? Eres un poli tío, un ins-pec-tor, seamos serios.

 

SV estaba a punto de lanzarse al cuello de Santos cuando éste dio media vuelta y salió corriendo gritando:

.-El último en llegar a la calle paga las copas.

 

 

Todo lo referente a Ángela Márquez que Celia le había contado en la comida resultó ser cierto. El sabotaje del coche quedó corroborado por expertos, pero el delito había prescrito y ese caso continuaría cerrado. SV decidió no demorar más el arresto y con la orden de detención y registro se presentó en el hospital a última hora de la tarde, poco antes de que su sospechosa terminara el turno que le había informado Celia que hacía esa semana.

 

 

Angie se quedó lívida cuando vio que el atractivo poli que había estado investigando por allí se detenía frente a ella acompañado de tres hombres más, dos de ellos uniformados. Sabía, como todos sus compañeros, que el caso que investigaban era el de las embarazadas asesinadas puesto que las dos eran pacientes de ese hospital, y solo había que sumar dos y dos, pero por si esto no fuera suficiente, el poli que ahora tenía delante y que el primer día recordó que incluso había flirteado con ella, había estado interrogando a varias compañeras, y a tenor de las preguntas no había duda de cual era el caso que investigaban. Lo que ahora no podía entender es porqué precisamente a ella, que no la habían interrogado, la pretendían entregar lo que a todas luces se parecía mucho a una orden de arresto o de registro, conocía el documento por haberlo visto en alguna que otra ocasión en su otra ocupación.

SV mostró su placa antes de hablar e hizo un gesto a los uniformados que ya venían con las esposas preparadas.

 

.-Ángela Márquez, le ruego que nos acompañe, tenemos orden de registro de su domicilio, es usted sospechosa de dos delitos de homicidio, le informo que tiene derecho…

 

.-Ahórreselo, conozco mis derechos.

 

Angie se puso en pie y fue a coger su bolso que estaba encima de la mesita de la impresora, pero uno de los polis se adelantó.

.-Nosotros lo llevaremos, ponga por favor las manos a la espalda.

 

Angie procuró mantener la compostura pero le era cada vez más difícil ¿La estaban acusando de asesinar a esas mujeres? ¿Pero estaban locos, la había delatado alguien con pruebas falsas, qué estaba pasando allí? De pronto se fijó en su equipo informático que seguía encendido.

 

.-Un momento agentes, este mostrador no se puede quedar sin atender y faltan diez minutos para que vengan a relev… –Su compañera apareció en ese momento dispuesta a ocupar el puesto de trabajo.

 

.-Está todo previsto Ángela, no se preocupe -dijo Santos-

 

Angie miró al fondo del pasillo donde asomaba la cabeza de Celia sin llegar a salir del todo al pasillo. Ésta había decidido no asistir al arresto ni permitir que lo hicieran los demás, tan solo había avisado al relevo para que no quedara el mostrador desatendido. Celia no sabía que pensar, si creerlo o no creerlo, prefería no opinar y dejar a la policía y la justicia trabajar, pero avisó a SV que no permitiría un circo y le exigió discreción en honor de su amistad.

 

La arrestada, con las manos esposadas atrás, comenzó a caminar hacia la salida trasera rodeada por los policías, el más alto caminaba delante, los uniformados a ambos lados y Santos detrás. Se volvió hacia éste deteniendo el avance y le miró fijamente a los ojos mientras preguntaba:

 

.-¿Pero saben ustedes lo que hacen, me están acusando de los asesinatos esos de las embarazadas?

.-¿Por qué lo considera “asesinatos”? Nadie ha dicho esa palabra, podrían ser homicidios, no es lo mismo.

.-Vaya, vaya, ya veo que todo lo que diga puede ir en mi contra, pues ya me callo, muy listo agente, solo que creo que ve usted demasiadas series policíacas, ¿verdad?

 

Santos no contestó, no la iba a seguir el juego, era la sospechosa, y aunque por su parte no lo tenía tan claro, la última evidencia encontrada ya no era circunstancial. Y debían arriesgarse porque de estar en lo cierto estarían evitando más asesinatos. De todos modos –pensó- es tan guapa que me cuesta creer que sea la asesina.

 

SV la observó subir al coche patrulla, miró alrededor comprobando que a esa hora no había nadie en el aparcamiento, por experiencia sabía que los detenidos no solían levantar la cabeza mientras eran conducidos en plena calle, era como si no quisieran ver a nadie, no saber quién había visto su arresto y su traslado con las esposas puestas. Pero aquella joven lo observaba todo con la cabeza alta, aunque en realidad parecía sumida en profundos pensamientos, pero no parecía avergonzarse absolutamente de nada. Era de pequeña estatura, pero muy proporcionada, y se movía con una elegancia natural. Cuando iba a subir al coche que conducía Santos para seguir al patrulla notó su mirada tras el cristal trasero al adelantarles, tenía los ojos negros más grandes y bonitos que había visto en su vida, recordó el primer día que entró en el hospital y bromeó un poco con ella. Cerró la puerta con brusquedad, puede que demasiada.

.-¡Vamos!

.-Eh, ¿Qué té pasa?

.-Nada, -movió la cabeza negando con brusquedad- no me pasa nada.

.-Demasiado guapa ¿Verdad?

 

SV se puso a mirar por su ventanilla y ya no se habló más, llegaron al domicilio de Angie y esta les indicó que llave debían usar.

Lo primero que se percibía era limpieza y orden, todo perfectamente colocado como si nada estuviera fuera de lugar, todo encajaba perfectamente en el lugar asignado. La vivienda era amplia, con un salón comedor de más de setenta metros cuadrados, la cocina resultó que tenía su propio comedor incorporado. Había cuatro habitaciones, pero solo una amueblada como dormitorio, otras dos eran despachos, y una tercera estaba llena de aparatos de gimnasia.

 

 

 

Interesante, pensó el inspector, y miró a la joven que se había sentado en una silla a esperar que terminaran de revolver sus cosas. Muy interesante dedicar una habitación completa a mantenerse en forma, pero mucho más interesante los libros de defensa personal, y uno muy curioso titulado “Trucos para escalar edificios y cualquier otra vertical sin caerse”. En el despacho del fallecido doctor estaba todo como si el hombre fuera a regresar en cualquier momento. Algo anotado en la agenda telefónica que había en el primer cajón le llamó la atención: en la letra F solo había un número pero se describía como Nilda. Sacó su móvil y marcó, contestó una mujer a la primera señal.

.-¿Sí?

.-¿Nilda?

.-Sí, ¿quien es?

 

Cuando ella le hubo dicho que había sido la asistenta durante muchos años, SV a su vez la explicó todo brevemente pero con detalle, cuando hubo acabado pasó a la cuestión.

.-Dígame con sinceridad Nilda ¿La cree usted capaz?

 

El teléfono enmudeció durante más de un minuto, finalmente:

.-No sería sincera si le dijera un rotundo sí, pero es verdad que tampoco mi “no” sería rotundo.

.-Es suficiente Nilda, ahora deme por favor su domicilio, deberé citarla a declarar.

 

Una vez anotado, se guardó la agenda en el bolsillo y fue a ver como iban los demás. Oyó ruido en la cocina y allí encontró a Santos revolviendo cubiertos.

 

.-¿Alguien tiene su móvil?

.-Yo mismo, pensaba registrarlo en comisaría.

.-Dame, ya me ocupo yo.

 

El Smarphone blanco último modelo resultó tener unos contactos cuyos números de marcación rápida estaban condicionados a la introducción de un PIN, tanto para verlos como para llamar. SV fue al salón donde la joven continuaba sentada en la misma silla, no había querido supervisar, tan solo pidió que volvieran a dejar todo como estaba, y por orden del inspector lo estaban respetando.

 

.-¿Nos darás la clave para estos números ocultos?

.-No, no lo haré.

 

Lo dijo con tal frialdad y seguridad que sorprendió a SV.

.-Sabes que puedo pedir una orden judicial y el operador nos dará todos los datos.

.-Hágalo, pero voluntariamente no daré esos datos.

 

Se la quedó mirando tratando de encajar aquello. Esa joven actuaba con una seguridad impropia de un detenido acusado nada menos que de cuatro asesinatos. Desde luego si era culpable debía estar muy enferma mentalmente, pero precisamente un psicópata podía tener una inteligencia superior y mucho control. Y por otra parte a cada paso que daban las circunstancias eran cada vez más abundantes en contra de ella. Aparte de pequeños detalles como el del gimnasio y los libros, o este de negarse a que vieran una serie de números en su agenda del teléfono, estaba la declaración de la asistenta, esto eran palabras mayores, le había dicho frases como “trozo de hielo” “ni una lágrima en el funeral de su padre adoptivo” “nunca vinieron a buscarla a casa, ninguna compañera de escuela, nadie”.

Tras una hora y veinte minutos decidieron dar por terminado el registro, la hicieron firmar el inventario compuesto únicamente por la agenda de su padre y el móvil de ella.

 

Al salir de nuevo a la calle y conducirla al coche, SV se fijó que esta vez no mantenía erguida la cabeza, muy al contrario se agachaba todo lo que podía y avanzaba casi tirando de los agentes.

 

Angie subió al coche patrulla todo lo deprisa que la dejaron, no quería que la viera nadie de por allí, aunque no mantenía contacto con vecinos eran tantos años que se conocían todos. Por mucha discreción que quisiera mantener entrando y saliendo por el garaje, a menudo se cruzaba inevitablemente con alguien, en fin, ya daba igual. Y ahora debía concentrarse en averiguar que coño estaba pasando allí, porqué la estaban arrestando nada menos que acusada de los asesinatos de las embarazadas, pero ¡¿Por qué a ella?!

La poli no te detiene sin pruebas, pero ¿cómo podían tener pruebas?

 

 

 

.-¿Abogado? No, no conozco ninguno, nunca lo he necesitado.

.-Bien, se le asignará uno del turno de oficio, firme aquí por favor.

 

El primer interrogatorio fue agotador, y según el inspector muy revelador al no tener coartadas fidedignas para las horas en que habían ocurrido los asesinatos. Ni testigos, ni pruebas documentales de alguna compra o visita a un sitio de pago, nada de nada. Pero cuando Angie creía haber acabado, volvían de nuevo las mismas preguntas desde diferentes ángulos o tiempos, una y otra vez. Cuando apareció entreabriendo la puerta un joven barbudo con un maletín y muy buenos modales diciendo que era el abogado de oficio, les dejaron solos y ella pudo respirar un poco.

 

.-Encantado Ángela, yo soy Javier Sanz y me encargaré de tu defensa ¿Estás bien, quieres que pida un poco de agua, café?

.-No, gracias, acabemos con esto de una vez ¿Por qué estoy aquí?

.-Al parecer te acusan de algo muy grave, y se basan en una prueba de gran peso como es tu ADN.

.-¿Mi qué, dónde?

.-En un objeto encontrado en el coche de la primera víctima de cuyo homicidio se te acusa, por derivación de este, debido al modus operandi se te acusa también del siguiente ocurrido en pocos días a otra mujer, también embarazada.

 

Angie se quedó mirando al joven, tendría más o menos su misma edad, se le veía poco hecho en la profesión, la miraba de un modo inquisitivo, algo que ella sabía que nunca debía hacerse con la persona que defiendes, ella en su “otro trabajo” defendía a menudo a personas y era en cierto modo como los abogados, debía darles aliento y seguridad, asesorarles con cariño y afecto. No veía nada de esto en la actitud de aquel joven.

 

.-¿Qué objeto es ese?

 

El joven abogado lanzó una fotografía de tamaño folio sobre la mesa. Angie se levantó como un resorte haciendo caer la silla y se puso a pasear por la habitación con la cabeza agachada. A la segunda vuelta se detuvo y miró de nuevo la foto unos instantes, seguidamente al joven abogado.

.-Supongo que tenía mi ADN, ¿tiene el informe?

 

Javier hizo ademán de sacar un documento de su maletín, pero Angie le detuvo.

.-No es necesario.

.-Bien Ángela ¿Puede explicar cómo llegó esto al coche de la víctima?

.-Pues claro que puedo, alguien lo cogió de mi bolso para inculparme, creí haberlo perdido y me compré otro, está entre las pertenencias que me han requisado. Siempre uso la misma marca, el que llevo ahora es idéntico, solo cambia el color.

.-¿Cuánto hace que notó la pérdida?

.-Aproximadamente un mes antes del primer homicidio. Y no, no sospecho de nadie, ahora mismo no.

 

Esto último lo dijo más para sí misma mientras volvía a sentarse, quedó pensativa alejándose cada vez más de aquella habitación. El joven abogado la estaba diciendo algo pero Angie no le oía, de pronto se abrió la puerta y regresó a la realidad. El inspector entró acompañado de un agente sin uniforme que ni siquiera se presentó. Se sentaron en dos sillas que acercaron desde la pared para quedar frente a ella, el agente depositó una grabadora sobre la mesa y pidieron permiso al abogado para comenzar.

 

.-Perdonen pero querrán decir ustedes para “continuar” no comenzar. Ya me han interrogado ampliamente antes de que él llegara –señaló con el pulgar a Javier- creo no equivocarme si afirmo que eso es irregular.

 

Los policías miraron al abogado que permaneció callado, al comprender que debía decir algo carraspeó y soltó:

 

.-Bueno, sería irregular si existiera algún tipo de coacción, de lo contrario se considerará una declaración voluntaria por su parte.

.-Pues disculpe abogado, pero me han interrogado antes de enseñarme el objeto cuya foto ha puesto usted sobre la mesa, de haberlo sabido mi declaración no hubiese sido tan ingenua ¿No le parece?

.-¿Ha firmado usted una declaración?

.-No, pero sin duda es innecesario, ¿O no ha visto usted la lucecita roja de la cámara de aquella esquina del techo abogado?

.-En ese caso exigiré que me sea entregado el video y quedará invalidado, ahora si le parece…

 

Angie retiró un poco la silla y se cruzó de piernas y brazos mirando a los tres hombres que tenía frente a ella, estaba haciendo un esfuerzo titánico para no sucumbir y mantenerse erguida y serena, afirmada en su compostura dijo en voz bien alta: “Señores, si esperan que diga una palabra, la espera será muy, pero que muy larga”

 

SV la miró a los ojos hasta que ella los bajó, comprendió sin duda alguna que aquella joven no diría ni una palabra. Aun así, y dado que era el protocolo, enumeró una serie de preguntas una tras otra, sin apenas espacio para las respuestas, y poco más de cinco minutos después dio por concluido el interrogatorio mirando al abogado que se limitó a encogerse de hombros.

 

.-Bien, mañana comparecerá ante el juez, mientras tanto permanecerá en un calabozo ¿Ha comprendido?

 

La detenida se limitó a asentir y ni siquiera se molestó en despedirse de su abogado, sencillamente le ignoró por completo.

 

Mientras abandonaba la estancia, SV iba recreando la mirada que le había mantenido durante un largo minuto, había tal determinación que tembló al pensar que aquel rostro tan bonito pudiera tener detrás una mente tan enferma. Se sentó en su puesto de trabajo y marcó el número de la juez Castells.

 

La celda era una estancia minúscula con tres paredes más una enrejada, le vino una imagen fugaz de una película a la mente, no recordaba el título, que mal olor había allí, el camastro anclado a la pared apestaba, ah si, “La fuga de Alcatraz” pero sin el retrete. Decidió que aquellos pensamientos tan absurdos y fuera de lugar no eran otra cosa que una huída hacia delante para no caer en la desesperación más absoluta. ¿Pero quién querría incriminarla nada menos que en los asesinatos más famosos y atroces de los últimos tiempos? ¿No sería un error? Por supuesto que era un error, pero desde luego su protector labial no había llegado solo al coche de aquella mujer con la cual no había llegado ni tan siquiera a hablar personalmente, sí que recordó después de su muerte que ella misma la había llamado para darle la última cita. Y pensar que la policía lo había puesto allí y luego impregnado con él la muestra de ADN que les entregó voluntariamente, era algo descabellado, el atractivo inspector no tenía pinta de ser un hijo de la gran puta de semejante calibre, tampoco el compañero que fue con él a detenerla. En cualquier caso estaba el misterio de cómo habría llegado el dichoso protector a las manos de quien la hubiera incriminado.

 

Se percató de pronto que estaba en pie en el centro de la celda, hizo ademán de sentarse en la cama pero se dio la vuelta y se dejó caer al suelo apoyando la espalda en la pared, no pensaba acercarse a ese apestoso catre. Se miró las sandalias y comenzó a ayudarse primero con uno, y luego con el otro pie para sacárselas. El pirata -al que por cierto le faltaban los cordones que había tenido que de dejar junto al resto de sus pertenencias al entrar allí- y la blusa se arrugarían, pero al menos descalza podría descansar un poco, y por supuesto ya la daba igual el aspecto que presentara al día siguiente ante las cámaras, porque sin duda habría una multitud esperando en los juzgados, era lo que sucedía en todos los casos que había presenciado en Tv. Se puso a observar a su alrededor para despejarse un poco de las preguntas que una y otra vez le volvían a la mente. Bueno, en realidad no estaba tan sucio como parecía en la primera impresión, no cabía duda que allí pasaban a diario a limpiar, pero entonces ¿Porqué olía tan mal el camastro? Una voz la sobresaltó.

.-Buenas noches. Te traigo algo de comer.

 

Era una joven uniformada empujando un carro con envoltorios de papel aluminio, botellas pequeñas de agua mineral y fruta en la bandeja de arriba, en la de abajo había una pila de toallas. La joven le entregó una botella de agua, una naranja y uno de los envoltorios, seguidamente se agachó, y cogiendo una toalla se la entregó informando:

.-Esto es para mañana cuando te lleven a los servicios a asearte, si tuvieras que ir antes puedes dar unos golpes en los barrotes y vendrán para llevarte ¿Ok?

 

Angie asintió, lanzó la toalla sobre la cama y volvió a sentarse en el mismo lugar, abrió el envoltorio de aluminio y resultó ser un bocadillo de lomo con una loncha de queso, olía bien, pero desde luego no tenía ni pizca de apetito, lo volvió a cubrir y abrió la botella bebiéndose la mitad de un solo trago. Finalmente fue pelando con los dedos la naranja y la comió muy poco a poco, con la mente de nuevo llena de preguntas que confluían en una sola ¿Quién?

 

Continuará….